Conciente de mi maldad!






A veces solemos justificar algunas cosas que nos pasan en el recorrer de la vida, y tendemos culpar al destino por ello, pero quizás todo hubiese sido muy diferente si hubiésemos actuado de manera correcta cuando debimos hacerlo. Cuando nos examinamos en el fondo, nos damos cuenta de que pudimos haber hecho algo y que por no hacerlo nos encontramos en esa situación, pero ya envueltos en todo el rollo no hay tiempo para hacer lo que debimos hacer con anterioridad, y es mas fácil ahora culpar al destino.

Así pasa también con nuestra vida espiritual, vivimos justificándonos delante de Dios, y quizás algunas veces de manera inconsciente. Pensamos que porque nos hemos bautizado en una iglesia Cristiana dejamos de ser pecadores, y nos vestimos de una falsa bondad ocultando muy profundamente nuestra maldad, obligándonos muchas veces y mintiéndonos a nosotros mismos!!! wao hacemos todo esto tratando: no de engañar a Dios, porque al el no lo podemos engañar; sino a nosotros mismos y a los que nos rodean.

Debemos procurar ser sinceros con nosotros mismos, conocernos bien: saber cuáles son nuestras virtudes y debilidades. Tratemos de saber con certeza las cosas que somos capaces de hacer, debemos conocer cuál es el clímax de nuestra maldad, debemos reconocer lo vil y pecadores que somos y arrepentirnos de todo ello. Mientras nos sigamos vistiendo con esa falsa ropa de piedad no podremos agradar a Dios en la manera que el exige!!. Dios no nos manda a ocultar profundamente nuestra maldad, nos insta a morir a los deseos pecaminosos de este cuerpo carnal, Dios el padre nos invita a presentarnos ante el "en sacrificio vivo, puro, santo y agradable delante de él, pues este es nuestro culto racional" como dice el Apóstol Pablo en el capítulo 12 de la carta a los Romanos.

Dios nos conoce perfectamente, el sabe lo que hay en lo profundo de nuestros corazones, conoce más que nadie lo repugnante que somos y aun así nos ama en gran manera.

Dejemos que sea la gracia y misericordia de Dios el padre la que nos limpie de toda iniquidad a través del sacrificio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y que sea el Espíritu Santo el que regenere y santifique nuestras vidas.

Ya basta de ser iceberg, como lo describió el pastor Lenin en su blog. Seamos sinceros y reconozcamos nuestras debilidades y humillémonos delante de Dios, pues es en nuestras debilidades donde el poder de Dios se perfecciona. Bendiciones!!!

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Gracias Dios por este día lluvioso aunque me tenga que mojar!!!

“Dios, en tus manos están nuestros tiempos”